SEBASTIAN GUERRINI

Diseñador en Comunicación Visual (UNLP) y Doctor en Comunicación y Estudios de la Imagen, (Universidad de Kent, Inglaterra)

La marca de una ciudad es una serie de asociaciones vinculadas a la misma, las cuales por un lado representan atributos especiales asumidos como propios por su ciudadanía. Por otro, la marca despierta esas vinculaciones en quien la percibe, incluso sin haberse experimentado la ciudad.

Idealmente, esos atributos deben ser aquellos que estratégicamente favorezcan un determinado proyecto de ciudad. Su selección no necesariamente implica un hecho espontáneo, sino que en general es una acción proyectada de diseño, la cual busca lograr resultados concretos. Aquellos resultados definidos de antemano como objetivos a lograr.

En caso de que la marca sea exitosa, logrará hacer imaginar, interpretar y clasificar de una manera a la ciudad. También potenciará el desear, agendar determinadas historias, recordar e incluso estimular las asociaciones sensibles entre razones y emociones, todo lo que le aportará un capital simbólico.

En el caso de La Plata, se trata primero de  pensar que se pretende que la ciudad atraiga: esto es plasmar una intensión explícita de vincularse en una determinada dirección. Ante la hipótesis de que el desafío de la ciudad es incrementar su PBI, se planificarían los recursos de expresión hacia aquellos que permitan traccionar efectos materiales tangibles.

En este sentido, el discurso de identidad de la ciudad tendría que estar articulado con una serie de oportunidades a estimular.

Siguiendo esta hipótesis, se entiende que el aporte de la UNLP y del sistema educativo podría generar localmente mayor impacto social, en forma tal que funcione como un sello de calidad sobre los desarrollos que surjan de la ciudad. Así, se propone bajo esta hipótesis que la marca que defina a la ciudad sea “La Plata, ciudad del conocimiento”, ya que esta afirmación ayudaría a dar sentido y a diferenciar los desarrollos locales, ante la mirada externa.